Hemos gritado los goles, hemos llorado con las victorias, hemos embanderado nuestras casas, los autos llenos de banderitas han coreado con las bocinas:"Argentina, Argentina". Nos hemos sentido orgullosos de ser argentinos. ¿Y ahora qué?
Mañana, hoy a la tarde, todo ese amor por la patria será despojado de nuestros pechos, de nuestros autos, de nuestras casas. Guardaremos la camiseta con bronca, y trataremos de no mirar más ningún partido. ¿Y la patria?
Me pregunto, dónde quedará el orgullo de ser argentinos, dónde esconderemos nuestros colores, dónde gritaremos "¡Aguante Argentina, carajo!". En ningún lado, seguramente. Y eso es lo malo, que nos olvidamos, que no seguiremos vivando por la patria. Y si algún "desubicado"sale de su casa con la camiseta celeste y blanca, lo miraremos con burla, y seguramente, haremos una mueca de desdén.
¡Pobre Argentina!, Qué liviano es nuestro amor por vos!